Esperanza Aguirre, las basuras y el cinismo de la derecha

Hace unos días la presidenta de la Comunidad de Madrid no se quiso pronunciar sobre la nueva “tasa” de basuras de Gallardón, porque, según ella, la casa donde vive no es de su propiedad (es posible, puede ser de una Sociedad Anónima y, además, ya dijo en una ocasión que le costaba llegar a fin de mes) pero, sobre todo, porque no es un impuesto, sino una tasa, ya que se paga por un servicio.

Esto no es cierto. Pagaríamos por un servicio si la cantidad se estableciera según el número de habitantes de la casa o su capacidad de producir basura, conforme al principio bastante desconocido en España de “el que contamina, paga”. La “Tasa” de Gallardón se fija según el valor catastral de la vivienda, el garaje o el trastero, que no son los que producen basuras, especialmente si están desocupados.

El Faraón ha causado una enorme deuda en Madrid y, a pesar de que su partido dice que está contra la subida de impuestos, él los sube disfrazados de tasa. Siempre se ha creído muy listo. Tras las protestas por las basuras ha decidido congelar los impuestos para el año próximo, sin aplicarles el IPC dada la actual crisis; es una pena porque como el IPC ha sido negativo tendría que bajarlos. No es malo que se crea muy listo, es peor que se crea que los madrileños somos tontos.

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