Se produce por la confluencia de dos factores:
1. Un sistema económico (llámese neoliberal, capitalismo salvaje o como se quiera) profundamente injusto, porque produce un aumento reducido de inmensamente ricos, un debilitamiento progresivo pero acelerado de las clases medias y un aumento desproporcionado de los pobres; generando enormes diferencias entre ricos y pobres; ampliando el número de personas que pasan hambre, etc.
2. Un sistema político que ha perdido gran parte de sus competencias de gobierno, al perder el control de las decisiones económicas que han salido del ámbito de la democracia y han quedado en manos de los especuladores, y que prefiere hacerles el juego para mantener su estatus que tomar medidas que favorezcan a sus gobernados.
El resultado, como ya llevan años anunciando los especuladores más lúcidos (Soros, por ejemplo), es una agitación social que ahora estamos viendo en Grecia y que puede ir apareciendo en otros países a medida que el peso de la crisis que produjeron los especuladores va cayendo, como de forma natural, sobre las clases menos favorecidas. El problema es que los pobres no se resignan a pagar los desperfectos de los ricos (gran parte de la deuda de los países se ha producido por las ayudas a los bancos) y además no tienen con qué.
Esto es terrorismo económico: Unos pocos, con el consentimiento de los políticos, están haciendo la vida imposible y aterrorizando a la mayoría. Y se da tanto en sociedades democráticas como en autoritarias, porque los agresores son los mismos y los políticos de unas y otras cada vez funcionan de manera más parecida.
Este terrorismo no es menos importante que el clásico. La diferencia es que uno ataca al sistema politico-económico y el otro a grandes grupos de población. En estos momentos matan más el hambre y las hipotecas (la imposibilidad de sobrevivir en el sistema de mercado) que las balas.