Las declaraciones de Esperanza Aguirre diciendo que la huelga del metro es política nos devuelven al discurso del franquismo. Política es un término maldito y un arma para acusar a los que no opinen como nosotros. Vuelve la derechona.
La estrategia de la Sra. Aguirre es evidente, deteriorar los servicios públicos para acusarlos de ineficaces y privatizarlos, o sea, entregar los bienes públicos a los ricos. Lo está haciendo con la educación (desmanteló la red pública de formación del profesorado y estrangula económicamente a las universidades públicas); está deteriorando la sanidad pública, si tenemos una enfermedad importante más nos vale ir a Cataluña donde están los hospitales punteros; quiere privatizar el Canal de Isabel II que nos da una de las mejores aguas de España y es una empresa eficiente y ahora carga contra el metro, quizá también para joder a Gallardón.
La perla de hoy es que está dispuesta a negociar pero no a ceder, nunca ha alardeado de una gran cultura, ni aún cuando fue ministra de tal cosa, pero sería interesante conocer que entiende por “negociar”. Para empezar puso unos servicios mínimos del 50% , los podía haber puesto del 100% y nos habríamos ahorrado el problema.
Que no esté de acuerdo, como su partido, con las medidas del recorte de salario a los funcionarios y se las imponga además a los empleados del metro que no lo son es la muestra de lo que la derechona quiere sacar de la crisis: deterioro de lo público y ventajas para la patronal y los mercados. No va a ahorrar en los cientos de asesores de su gobierno nombrados a dedo para fortalecer su posición dentro de su propio partido, ni restablecerá los impuestos sobre patrimonio que quitó a los ricos.
Entiendo su postura, aunque creo que es una desgracia para el país, pero me resulta imposible entender a los que ni son ricos, ni participan de su banquete y la votan.